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La noticia sectorial de la semana ha sido el concurso necesario instado contra HUSA. De hecho parece que debe formularse en plural: “los concursos necesarios”. Cinco Días reflejaba que algunos proveedores del Grupo habrían convertido este mecanismo legal que privilegia créditos en una suerte de “sistema” de cobro coactivo de facturas pendientes.

Que HUSA acapare titulares no puede ocultar la situación general de un sector, el de la hotelería urbana, con un más que serio problema generalizado de viabilidad financiera y de negocio. Aquí y ahora. Sin especulaciones sobre el deterioro (adicional) de la coyuntura.

Los intentos de saneamiento financiero de NH ya son un clásico de la prensa económica. Un folletín que ha incluido la caída del histórico consejero delegado (Burgio); baile de socios (salida masiva de Cajas); yenka del inversor chino (entraba pero no entraba, y medio entró); financiación alternativa de fondo americano (anunciada pero frustrada); desinmovilización masiva del componente inmobiliario de su balance; y anuncio de nuevas aventuras chinas, que no cuentos idem; amén de una nueva fórmula creativa de refinanciación vía bonos. Los problemas de la participada también afectan a su principal socio, Hesperia, quien tiene hasta fin de año para reestructurar una abultada deuda que su negocio no está en condiciones de sostener.

AC recurrió a una alianza internacional con MARRIOT para apuntalarse. La matriz de Rafael Hoteles rema para salir de su concurso de acreedores, depurándose de su contaminación inmobiliaria. Tampoco los demás están mucho más fuertes, sobre todo las cadenas medianas de componente esencialmente urbano (ABBA, SILKEN, etc.). De hecho, unas cuantas cadenas de ámbito regional ya doblaron la cerviz (JALE, FOXA, etc.)

Y, por lo que de la salud financiera de los agentes del sector trasciende, quien más quien menos padece un roto considerable en su balance fruto de una enfermedad muy extendida en esta pertinaz crisis: deterioro de la cuenta de explotación y sobreendeudamiento, además de compromisos financieros a largo plazo tremendamente gravosos (alquileres fijos fuera de mercado). El resultado del cóctel es de sobra conocido, incapacidad para atender el servicio de la deuda tanto coyuntural como estructuralmente. No ya el principal, que va de suyo, sino hasta los financieros. Ello, claro, dificulta enormemente sostener la ficción de mantener préstamos “normales” al corriente de pago. Y nueva reestructuración/refinanciación al canto, que en eso los Bancos están bien entrenados tras la debacle inmobiliaria.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuánto?

Jugando al cambio de ciclo:

“En algún momento los precios medios tienen que tocar fondo.”

“La guerra de precios, sobre todo en Madrid, tarde o temprano tendrá que acabar.”

“La demanda interna tiene que recuperarse.”

“La vuelta al crecimiento, o al menos el abandono de la recesión, debería suponer la vuelta del viajero de negocios.”…

wishful thinking!

Esta situación me evoca imágenes cercanas a la ludopatía. La del jugador que sigue doblando su apuesta hasta que cambie la racha. Su suerte dependerá de que no se le acaben antes las fichas.

Siga a Emiliano Garayar en Twitter: @emilgarayar

Esta entrada también se ha publicado en La Caña, el blog de Emiliano en Cinco Días.

 

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