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¡Vaya semanita! El martes se conoce el concurso de Reyal Urbis que, siendo de alma inmobiliaria, encapsula una cadena de hoteles (Rafael). No es la única, hay unas cuantas más de su ramo en análoga tesitura. Y, si no, al tiempo.

El miércoles entra en concurso de acreedores Orizonia, el mayor conglomerado de operaciones turísticas español, o al menos en España, tras un empacho de deuda fruto del build-up típico del capital riesgo. Dos novias tuvo, Barceló y Globalia, y acabó compuesto y sin ídem. Y ello a pesar de que las quitas ofrecidas por la banca al galán que osara desposarla andaban por el ochenta y cinco por ciento y subiendo (sobre un pasivo bancario superior a los seiscientos cincuenta millones de euros).

Turismo, Iberia, hoteles, inmobiliariasMientras tanto, Iberia en huelga, con invasión de la T-4 incluida. ¿Saben qué? En determinados vuelos interiores en rutas que frecuento semanalmente desde hace años las tarifas más atractivas las está ofreciendo la propia Iberia. Y ¿saben qué? No me he atrevido a comprarlas por temor a quedarme también, cual Orizonia, compuesto y en tierra. Desconozco si mi caso es sintomático, pero imagino que no pocos estarán tomando precauciones análogas. Imagino que el potencial visitante que ve las imágenes en la tele no le motiva especialmente la compra del paquete Spain para sus vacaciones (las decisiones de compra de los mercados emisores se toman con meses de antelación).

Renfe, de pasada, haciendo el agosto a costa del puente aéreo, pero no tanta alegría cuando en tres Aves que cogí la semana pasada en horas punta la ocupación andaba tirando a escasa. En cualquier caso, es una compañía deficitaria necesitada de una profunda reorganización, en cuerpo y alma (sobre todo esta última), si quiere sobrevivir a la apertura real a la competencia del tráfico de mercancías y pasajeros. ¡Qué decir de Paradores y demás negocios turísticos estatales en permanente reconversión!

Sobran los ejemplos de una crisis turística, larvada, y que nadie oficialmente parece querer reconocer, parapetado como está el discurso oficial en los ever-rising millones de turistas extranjeros que cada año nos visitan, incluso dejándose algún euro más. Sol, playa, y primavera árabe, además de cierta manga ancha con la política de visados. Quizás con la excepción de Barcelona, sobre la que existe entre los profesionales del ramo un amplio consenso respecto a su sólido y acertado posicionamiento internacional. Parece que incluso casi dobla a Madrid en el precio medio por habitación hotelera.

Visité FITUR la pasada semana, y debí equivocarme de Feria, por el contraste entre lo que allí escuché y las crónicas que después leí. Del lado de los hoteleros, al menos, todo eran lamentos. Un RevPar (ingresos por habitación disponible) hundido, sufriendo paradójicamente más la hotelería urbana que la del sol y playa (¿por qué será?). La demanda nacional, que representa prácticamente la mitad de los ingresos del sector, en coma inducido y sin visos de reanimación. Unas cuantas (muchas) cadenas hoteleras con muy serios problemas de viabilidad esencialmente financiera, visto el sobreendeudamiento ladrillero y la debilidad de los ingresos para servirle. Solo los archipiélagos parecen haberse salvado de la quema, pero habría que pensarse dos veces si su posición es realmente solida e independiente de la evolución de los acontecimientos geopolíticos (competencia de otros destinos mediterráneos) y macroeconómicos (tipo de cambio del Euro para extracomunitarios y europeos no Euro).

En fin, que uno de los pilares que han resistido a esta pertinaz crisis, que todo mina cuando no arrasa, empieza a mostrar no pocas grietas y, cuidado, que estamos hablando de la fachada de nuestra primera industria exportadora.

Los remedios a tantos males creo que han sido enunciados y reiterados ad nauseam por los expertos del sector. Incluso por los políticos con responsabilidades sectoriales, hoy más ocupados en recortar el déficit de alguna otra industria en quiebra explícita que en poner remedio a las debilidades de un sector en el que seguimos siendo una potencia mundial (el otro es el fútbol).

En fin, otro sector en reconversión. Sin embargo, éste tiene afortunadamente  remedio y futuro. La demanda, a pesar de los pesares, sigue estando ahí, solo hace falta que el gremio  haga un esfuerzo de saneamiento, modernización y puesta en valor de sus atributos, que no son pocos. Como dice mi hermano, esto es Caribe pero con Guardia Civil y Hospitales. ¡Un buen comienzo! Por cierto, no veo dónde está el problema en ser la Florida de Europa, viendo los demographics del Continente.

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