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“En la crisis del ´92 perdimos un cuarenta por ciento. Hoy estamos en el 38 y no creo que pasemos la barrera. Bajar precios no incrementa la demanda. No tiene sentido”. Así me hablaba un banquero amigo con quien compartía mantel hace unos días.

Al tiempo, campaña de prensa en los principales diarios escupiendo titulares sobre los precios inmobiliarios: “han tocado fondo”; en algunas zonas (Madrid, País Vasco) ya han empezado a “crecer modestamente”; avalancha de inversores internacionales pugnando por arramblar con las carteras de la banca, y con sus plataformas de gestión… “amanece un nuevo día en el ladrillo español”. Por fin se iluminaron las tinieblas. El sol brilla, las nubes se levantan y los pajarillos cantan.

En dos palabras: testemos la calidad de la profecía, de una parte; y, de otra, escrutemos y descubramos a los destinatarios del mensaje.

Los ingleses tienen una magnífica expresión que se traduciría literalmente como “profecías auto cumplidas” (self-fulfilling profecies), pero que materialmente se refiere al anuncio anticipado del acaecimiento de eventos futuros cuya realización es consecuencia de la formulación de su propia hipótesis.

Primera cuestión: ¿puede la Banca fijar precio en el mercado inmobiliario español hoy? Respuesta de quien suscribe: Sí. Y me explico (aquí viene el ladrillo que tanto disgusta a mi editora).

En mercados oligopolísticos se puede producir un “acomodamiento” mutuo (espontáneo) de conductas comerciales o una “colusión tácita” en detrimento de la competencia entre operadores, en tanto que la más racional y rentable estrategia individual para cada uno de ellos (Oligopolio de Cournot/Equilibrio de Nash, el de “una mente maravillosa”). Para ello deben concurrir estructuralmente tres condiciones: alta concentración de cuotas de mercado en manos de unos pocos operadores y simetría en la posición de los mismos; producto commodity; y transparencia en las condiciones de transacción. [Perdón por el intrusismo porque de esto el que sabe de verdad es mi amigo y excelso economista industrial, Juan Briones]

Las condiciones señaladas concurren hoy -a mi juicio- en el mercado financiero-inmobiliario español: se ha creado un oligopolio de oferta en manos de cinco entidades financieras (tras remansar y sustraer del mercado vía SAREB los 100.000 millones de Euros de oferta de las extintas cajas); sus activos inmobiliarios físicos y financieros son substancialmente intercambiables (con matizaciones por concentración geográfica); y todos saben todo, por decirlo suavemente, y si alguno no se entera, lo anuncian en el periódico.

Llegados a este punto, se produce el incentivo del chiste del dentista, a quien el yaciente  paciente, al verlo armado con el taladro, ase por sus nobles partes al tiempo que le espeta: “a que no vamos a hacernos daño, Doctor”. Pues eso, que si es pa’ na’, es tontería. Yo bajo precios, tú bajas precios, él baja precios, y al final (no) vendemos lo mismo, y la mercancía en balance cada vez vale menos. Y recordemos que hoy en Banca, todo son juegos de balance: que si un poco menos de mora por aquí; que si me quito unos APRs por allá; que si mi crédito fiscal computa como core tier capital, … y tal, y tal. Nada de “teorías de juegos”, “prácticas de peloteo”.

¿Qué cómo hemos llegado a esta competencia “perfecta”? Pregúnteselo al MOU, al FROB, al FdGD,  a la Comisión Europea,  a SAREB, a la AEB y al sursuncorda. Y si no tienen respuesta, al Gobierno, que para eso en España la culpa siempre es del “Idem”.

Yo creo que mi buen amigo banquero, empero, se equivocaba por unos pocos puntos. El precio va a rebotar un poquito por encima de donde lo dejó la quita de SAREB a las entidades rescatadas. Y eso debe rondar, en media, el cuarenta y algo por ciento sobre valor en libros.

¿Qué cómo lo sé? Pues no lo sé, pero yo confío en la sabiduría, justicia y bondad de nuestros gobernantes. Y en democracia, la mayoría, aunque sea la de unos pocos, nunca se equivoca.

Otra vez me he enrollado, así que dejo para otra ocasión lo de los destinatarios del mensaje del suelo del precio (del suelo) y demás inmuebles. Otro trabalenguas. ¡Salud y buenos alimentos!

 

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