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Al grito de “compre español, y veranee en su patria” vamos hacia el mismo lugar de donde hoy partimos. Cuando ese ¡Santiago y Cierra España! se envuelve en la bandera del interés público ¡agárrense los machos!

Los americanos tienen un acrónimo que describe la posición adecuada para preparar ese advenimiento: BOHICA (bend over here it comes again). Nosotros, mucho más quevedianos, rimamos con el “cinco” para un fenómeno con análogo final.

Esto viene a cuento de ciertas reacciones de las representantes institucionales de las profesiones putativamente afectadas por el contenido de un powerpoint que incluiría determinadas consideraciones sobre la inspiración de las hipotéticas medidas liberalizadoras del borrador de anteproyecto de ley de liberalización de servicios profesionales, que se habría filtrado. Como podrán fácilmente anticipar, el sarpullido sale del lado de la colegiación obligatoria para el ejercicio profesional (y correspondiente exacción a los colegiados para solaz de las arcas colegiales y sus administradores), y de la no menos doliente imaginaria contracción del ámbito de las reservas de ley que dibujan los respectivos monopolios legales del profesional colegiado de turno.

Colegiación obligatoria abogadosPues bien, según refleja la prensa económica del fin de semana, no hay uno que no haya invocado el interés público como principal (si no única) motivación para justificar su radical oposición a unas no-medidas que pudieran poner en cuestión, si quiera remotamente, sus privilegios.

El fin del monopolio de los farmacéuticos como propietarios de boticas menoscabaría la salud pública; el hecho de que ingenieros pudieran desarrollar tareas reservadas aarquitectos supondría un menoscabo de nuestro acerbo cultural; si otros ingenieros suficientemente cualificados se pusieran a hacer puentes u obras hidráulicas se perjudicaría el medio ambiente y se pondría en solfa la reputación internacional de nuestros ingenieros de caminos; si los abogados se metieran a hacer de procuradores se socavaría la acción de la justicia, y si se nos liberara del yugo de la colegiación obligatoria (pagando) nos pasaríamos por el forro la deontología profesional, al asalto del pobre e indefenso justiciable.

En lo que a mí me toca, reproduciré textualmente lo que le dije antes de la campaña electoral a la hoy Decana de mi Colegio el día que la conocí: “si abogas por la desaparición del Colegio, tienes mi voto”. A punto han estado entre todos de contribuir al resultado que yo añoraba.

Este país tiene muchos problemas y éste no es el mayor de ellos. No deja de sorprenderme, empero, que sus elites profesionales hagan gala de una tal tolerancia, por indiferencia o inacción, hacia el status quo pseudofuncionarial que mora en la órbita de los Colegios, y que, con las consabidas excepciones, se erige en garante, fundamentalmente,  de su RPT (los funcionarios conocen de memoria el acrónimo).

Pero es que, más allá del muy humano instinto de conservación de la especie, lo que a mi juicio pone de manifiesto este entramado colegial es un problema más de estructura que de coyuntura. Es la negación de la mayoría de edad de los profesionales, y, lo que es más grave, la censura preventiva de su libertad.Estos controles previos –en mi opinión- implican una concepción del ciudadano, y en el caso presente del profesional, necesitado de la tutela pública para no errar, incluso antes de actuar. Supongo que por aquello tan Ignaciano de que “quien evita la tentación, evita el pecado”.

No, señores: libertad y responsabilidad individual. Eso sí, quien la haga, que la pague con todas las de la ley. Porque lejos de salvaguardar la recta conducta de sus colegiados, no pocas de esas corporaciones se han erigido en, haciendo honor a su nombre, adalides del más rancio corporativismo al servicio de la impunidad de los pocos que dudosamente habrían alcanzado en su desempeño profesional el estándar exigido por la lex artis ad hoc.

Señores del Gobierno ¡ánimo con el PowerPoint! Pásenselo a alguien pre-ESO con un respeto mínimo por la sintaxis, y a ver si se transmuta pronto en carne de BOE. Y no escuchen a los perros que ladran desde el establo (en sentido figurado, claro), pues como parece que escribió Goethe, que no Cervantes, “el eco de sus ladridos demuestra que cabalgamos”.

Esta entrada ha sido también publicada hoy en La Caña, el blog de Emiliano en Cinco Días.

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Esta entrada tiene un comentario
  1. nosotros acá en mexico, vamos empezando con esto, las cosas van dirigidas a la colegiación obligatoria, volviendo un menoscabo al desempeño libre de la profesión del abogado, por un lado pone fin a los falsos abogados pero por otro limitan el desempeño libre del que si es abogado y ademas de los especialistas en alguna materia. excelente articulo

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