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En tiempos de catarsis, hoy que está tan en boga lo griego, sería un buen comienzo aligerar zombilandia de sus muchos e indeseados pobladores.

Tenemos banca zombi (menos de la que los malos quieren ver), inmobiliarias zombis (muchas más de las que los bancos quieren aceptar), administraciones zombis (más de las que el País puede soportar) y un largo elenco de zombis varios (empresas hiperapalancadas en manos del capital riesgo, huertos solares famélicos, infraestructuras desérticas, sector público pseudo-empresarial con más agujeros que un colador, etc.)

Un zombi, en lo empresarial, sería un muerto con vida, pero a mí el panorama me parece más cercano al cuento del “rey desnudo”: todos los ven muertos pero nadie (en particular, sus acreedores) parece asimilarlo. Claro, no por ello deja de descomponerse…

Disculpen el ataque de necrofilia, pero el reconocimiento del problema es el inicio de su solución. Mientras no llamemos a las cosas por su nombre, seguiremos escavando en el fondo de la crisis. Como España demuestra día a día: tocar fondo no es el preludio del rebote, y va para cinco años.

A nosotros, la schumpeteriana destrucción creativa ni nos rozó con su ala. Es sorprendente el conservadurismo de este pueblo. Ni de lo que no funciona queremos librarnos. ¿Padecemos colectivamente un síndrome de Diógenes versión socio-empresarial?

Probablemente es cierto que las cosas deben ir muy mal para que empiecen a ir bien. Visto que ya hemos cumplido con nota la primera premisa, no estaría de más que empezáramos a trabajar en positivo. Para ello necesitamos despejar el panorama de los muertos que hasta hoy no enterramos. (Como en la canción de Pereza: “que no se quede dentro, que luego huele a muerto”).

Publicado por @emilgarayar en Cinco Días http://blogs.cincodias.com/la-cana/2012/06/en-el-pa%C3%ADs-de-los-zombies.html

 

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