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Rojo pasión, así se presenta el otoño. No es una nueva tendencia de la cosmética lo que hoy deseo compartir con ustedes. Se trata de algo mucho más prosaico y, de seguro, mucho menos seductor. Es el efecto “pintalabios” o “lápiz de labios” (lipstick effect) en su versión Gran Recesión.

Me asaltó la idea esta misma mañana cuando me di cuenta de que frente a la entrada de mi despacho profesional, entre las muchas tiendas cerradas, luciendo cartel de “se alquila”, apenas resistían heroicamente dos locales: uno de ellos bajo la inmodesta presentación de “spa urbano”, el otro en formato de centro médico-estético (intuyo que más de lo segundo que de lo primero).

Esta teoría del lápiz de labios (a veces cuestionada por su heterodoxia) ve la luz en la Gran Depresión del ’29 cuando parece observarse que, entre la depresión económica y moral, se incrementan significativamente las ventas de productos de belleza como el pintalabios. Paradójico, pues serían prescindibles prima facie en una economía doméstica entre estrecheces. La cosa parece tener una explicación psicológica, dado que de natural no encaja en la categoría de comportamiento “racional” del homo economicus que ve mermado significativamente su poder adquisitivo.

Así, necesitaríamos de (y nos pagaríamos) pequeñas indulgencias que contribuyeran a nuestra estética personal, placeres fugaces y sufragables que nos hagan sentir mejor ante el deprimido entorno. Olvidar por un momento las malas noticias y negros augurios de todos los días. Ya sé que en esta coyuntura a alguno le puede resultar frívolo el argumentario, pero la evidencia empírica parece avalarlo.

¿Es ésta la justificación económica que permite resistir a mis vecinos? Lo desconozco, pero me alegro de que sigan abiertos e inviten al viandante a invertir en sentirse mejor, por dentro y por fuera, aunque no pueda permitirse ese género de gastos suntuarios.

De la cirugía estética no sé si se cabe afirmar lo mismo, pero a la vista de mi veraniega y muy subjetiva percepción de una prolija aportación del bisturí a nuestra estética playera (además de a las revistas del cuore), y en general a la de no pocos español@s de toda clase, edad y condición, y de las perspectivas de una larga duración de nuestra ya endémica crisis, no entiendo la evolución de la cotización de Corporación Dermoestética.

Esta semana toca ser un poco más optimista, pues ya anuncia Draghi su llegada comandando el VII de Caballería al rescate de nuestro fortín peninsular, cercado como está por los malvados mercados.

Publicado originalmente en La Caña, el blog de Emiliano en Cinco Días. http://blogs.cincodias.com/la-cana/2012/09/efecto-pintalabios.html

 

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