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En Garayar Asociados creemos que un despacho no es su facturación, su cartera de clientes, su ubicación… ni siquiera su reputación. Todo ello son consecuencias, pero no causas. Del mismo modo, un despacho no es 2.0 porque esté en las redes sociales, sino porque ha incorporado el diálogo y la colaboración a su ADN.


Para nosotros, un despacho es la plusvalía de la simbiosis del talento de quienes lo integran. Y no es suficiente el “talento percibido”, hablamos del real, el objetivo, el sólido, el cimentado en capacidades y habilidades de universal valía. El que se tiene y el que se adquiere cada día incorporando y somatizando nuestra interacción con los demás y con el colectivo.

Nuestra propuesta de valor es diferencial y lo hemos definido con un palabro de cosecha propia: WIKIFUNVA.

Fun, wiki y valor es una trilogía ganadora, y aún sin conceptualizar, se hallaba implícita en el nacimiento de Garayar Asociados como proyecto profesional distinto y pretendidamente rompedor de inercias (lo que en inglés llaman conventional wisdom). Revisémoslo.

La Web 2.0 es la nueva generación de internet en la que los usuarios no sólo consumimos información, sino que también la producimos de un modo colaborativo con otros internautas. Cada uno aporta su conocimiento para conseguir un resultado mejor que la suma de las partes. ¿Qué tiene que ver esto con la abogacía? Entendemos la abogacía colectiva como un proceso de colaboración entre trabajadores del conocimiento motivados y comprometidos en ayudar a los clientes para que logren sus objetivos de negocio. Colaborando de ese modo hacemos un trabajo más interesante, aprendemos todos mucho más y damos un servicio de mayor calidad, con eficiencia en los costes. La palabra clave es la colaboración: Wiki. Todos conocemos la wikipedia. No se trata solo de compartir información, ni siquiera conocimiento, ni de someter nuestro trabajo al escrutinio de los demás. Es mucho más, es construir conjuntamente: “en equipo”. Pero no de modo secuencial, sino interactivo. La vocación de colaboración nos permite dar un salto cualitativo muy importante y revoluciona la forma tradicional de ejercer la abogacía. Evidentemente, aquí nuestras dotes en tanto que gestores de proyecto son fundamentales. En nuestros “proyectos” no solo gestionamos recursos internos diversos, e incluso externos de otros profesionales, si no que tenemos que gestionar a la otra parte, los intereses de nuestros propios clientes, y a los demás stakeholders de la abogacía. Integrar a todas las partes en una relación de colaboración hace de la abogacía un ejercicio mucho más beneficioso para todos los participantes.

Fun: estar con gente que admiras, haciendo lo que sabes hacer bien y te gusta hacer, y siendo además justamente retribuido por ello. Formar y mantener el grupo profesional donde cada uno se siente cómodo, y contribuir al buen ambiente en el día a día; generar y asumir tareas que nos motiven a dar lo mejor; y contar, personal y colectivamente, con los conocimientos y habilidades para afrontarlas satisfactoriamente, mantenerlas actualizadas y dotarse de las que nos complementan. En un blog sobre el tema leí que esto es lo opuesto al “infierno” (ni la gente ni el trabajo te gustan, y además no te remuneran); a un hobby (algo que te gusta pero por lo que no cobras); y al “trabajo de mercenario” (donde te pagan, pero falla el ambiente, el trabajo, o ambos).

Valor: este ingrediente es el que estructura y dota de sentido a los dos anteriores. Uno de los rasgos de identidad del modelo de abogacía que nos identifica es la aportación al cliente de un valor que no solo justifica nuestros honorarios sino que los cuantifica. Evidentemente, el valor en gran medida es valor percibido, así que nosotros podemos creer que estamos haciendo una genialidad, pero si el cliente no la percibe como tal, de poco o nada servirá. Y la solución al problema de la percepción del valor es invertir en la relación con él, identificar tempranamente qué es lo que quiere; asegurarnos de que es realista en tanto que objetivo y de que contamos con las capacidades para dar respuesta a sus necesidades; planificar el trabajo antes de comenzar a ejecutarlo; controlar su ejecución en alcance, coste y tiempo; y, por encima de todo, mantener al cliente asociado a su progreso, de modo que sea una parte fundamental del equipo, de quien podamos recibir input en tiempo real para ajustar y orientar lo que hacemos. Va, por lo tanto: VALOR, es la columna vertebral que da sentido a todo lo que hacemos. De nada valdría que lo pasáramos muy bien, estuviéramos muy motivados y trabajáramos en equipo muy eficientemente si no aportáramos soluciones a los problemas, satisfacción a los objetivos, y alcance a las metas. Dar valor al cliente no sólo porque lo exige, sino porque es la única manera de trabajar honestamente.

Éste es nuestro enfoque de la abogacía, un enfoque alejado de la utilización de modelos de escritos que replican errores, de los juniors haciendo un trabajo en el que ni aprenden ni al que contribuyen, y de los socios luchando por realizar su presupuesto. Para nosotros, el nuestro es un despacho 2.0, un proyecto que nos llena de ilusión. Nuestro modo de vivir la abogacía.

One Love

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