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Sólo el necio confunde valor y coste

Hace un par de décadas importamos para la abogacía institucional la hora facturable cual tótem de modernidad. Cierto es que en aquella España post-Transición, cobrar la hora en dólares-equivalentes era un pingüe negocio para los abogados que se manejaban en la lengua de Shakespeare. No obstante, hoy está claro que en ese silogismo de precio igual a dedicación igual a valor, hay algo de justicia retributiva más propio de la moral protestante que de los tiempos que corren.
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